LOS INCENDIOS SE APAGAN EN INVIERNO, PREVINIÉNDOLOS
Cuando se habla de proteger el monte frente a los incendios forestales, muchas veces se olvidad comentar que esta lucha no es sólo como una acción puramente altruista, ya que muchos sectores de actividad se benefician de un monte bien conservado.
Estas son las dos situaciones opuestas que nos podemos encontrar relacionadas con los incendios forestales en el entorno mediterráneo. En el primer caso tenemos un estrato arbóreo que intercepta parte de la lluvia, escurriendo lentamente por ramas y tronco hasta el suelo (el agua ha perdido su energía y no erosiona) o salpicando hasta el suelo (también con menos velocidad).
La buena estructura del suelo (esponjoso y con huecos, debido sobre todo a la materia orgánica que aporta la vegetación) permite que el agua se infiltre en su mayoría, y que sólo escurra una pequeña parte. La parte que escurre no puede ganar velocidad debido a la superficie irregular que crea el humus.
El agua que infiltra lo hace de manera bastante lenta , se acumula en el perfil del suelo (sobre todo en la capa de arcillas), y éste lo va cediendo de manera muy lenta, recargando los acuíferos y regulando el caudal de los cursos de agua.
En definitiva, un monte bien cuidado es una “esponja” que nos permite disponer de unas reservas de agua de más calidad y mejor repartidas a lo largo del año. De todo esto quizá el efecto más llamativo en nuestras tierras sea el referente al incremento de la disponibilidad hídrica de los suelos forestales: por término medio, en terreno arbolado se retienen 98 litros por metro cuadrado al año más de agua que en un raso (fuente: “Los incendios forestales en la Comunidad Valenciana”. Consellería de Agricultura y Pesca). Como ya se ha mencionado, estamos hablando de un incremento en cantidad y en “calidad” de los recursos hídricos, al ayudar estas reservas a regularizar los caudales de los cursos de agua.
El otro caso representa la situación contraria, sin bosque (p.e. un incendio). Ya no hay vegetación que frene la velocidad del agua, que impacta sobre el suelo y su salpicadura comienza la erosión, que va “limando” las capas superiores del suelo (las más fértiles). Quedan al descubierto con el tiempo las arcillas que antes estaban en horizontes más profundos. Estas arcillas cuando reciben mucha agua en poco tiempo se vuelven impermeables y el agua resbala ladera abajo, cogiendo velocidad, que le permite arrastrar elementos cada vez más gruesos y erosionar más todavía. En los barranco se acumulan estos lodos y se producen las inundaciones.
CALENDARIO DE BUENAS PRÁCTICAS
MARZO.- Los restos de poda no deben abandonarse en las inmediaciones del monte. Estos residuos una vez secos favorecen el desarrollo de los incendios y son a su vez una amenaza sanitaria para el monte. La alternativa tampoco es quemarlos, sino triturarlos y esparcirlos. Así protegerás el suelo durante largo tiempo, mejorando su estructura y capacidad de retener agua, constituyendo además un aporte de materia orgánica.
ABRIL.- ¿Sabías que existen plantas que ayudan a retrasar el avance de un incendio forestal? Un seto a base de arbustos tan nuestros como los madroños, adelfas o tarays arde más lentamente y sirve de refugio y corredor biológico de numerosas especies tanto animales como vegetales.
MAYO.- Las balsas de riego son un elemento muy importante en la lucha contra los incendios forestales. Son utilizadas todos los años por los helicópteros y las auto bombas de los servicios de extinción de incendios. Mejorando sus accesos y evitando obstáculos a estos medios contribuimos a una lucha más efectiva contra el fuego.
JUNIO.- Los incendios forestales acechan con la llegada del verano. Si vives en el campo puedes proteger tu finca despejando de vegetación las zonas que rodean las líneas eléctricas y procurando mantener limpios de vegetación y basura los márgenes de caminos y los tejados. Ante la presencia de un incendio, antes de llamar al 112, intenta recabar toda la información suficiente para localizar el foco e indica en tu aviso el camino más adecuado para llegar, teniendo en cuenta hacia donde avanza el fuego. Recuerda: !no actúes nunca por libre!, sigue las órdenes de los técnicos y personal que dirige las operaciones.
JULIO.- En terreno forestal o en sus inmediaciones, los motores, equipos eléctricos o de soldadura los grupos electrógenos o cualquier otro que pueda implicar riesgo de generar un incendio deben utilizarse en zonas desprovistas de vegetación con un radio mínimo de 5 metros.
AGOSTO.- Puedes contribuir a que los profesionales de la extinción de incendios desarrollen su trabajo de forma segura. Debemos mantener los caminos, pistas forestales y fajas cortafuegos libres de obstáculos. Los vehículos deben estacionarse fuera del camino vigilando que las superficies calientes del motor no queden en zonas de pasto seco o rastrojo.
SEPTIEMBRE.- El peligro de un incendio forestal no acaba en el mes de agosto. La quema de rastrojeras supone un riesgo muchas veces innecesario existiendo alternativas menos peligrosa. Además, esta práctica tiene frecuentemente más efectos negativos en la estructura del suelo y, por tanto, en los cultivos.
Es un artículo de José Luis Lozano publicado en Agronegocios. www.Igea.es
Cuando se habla de proteger el monte frente a los incendios forestales, muchas veces se olvidad comentar que esta lucha no es sólo como una acción puramente altruista, ya que muchos sectores de actividad se benefician de un monte bien conservado.
Estas son las dos situaciones opuestas que nos podemos encontrar relacionadas con los incendios forestales en el entorno mediterráneo. En el primer caso tenemos un estrato arbóreo que intercepta parte de la lluvia, escurriendo lentamente por ramas y tronco hasta el suelo (el agua ha perdido su energía y no erosiona) o salpicando hasta el suelo (también con menos velocidad).
La buena estructura del suelo (esponjoso y con huecos, debido sobre todo a la materia orgánica que aporta la vegetación) permite que el agua se infiltre en su mayoría, y que sólo escurra una pequeña parte. La parte que escurre no puede ganar velocidad debido a la superficie irregular que crea el humus.
El agua que infiltra lo hace de manera bastante lenta , se acumula en el perfil del suelo (sobre todo en la capa de arcillas), y éste lo va cediendo de manera muy lenta, recargando los acuíferos y regulando el caudal de los cursos de agua.
En definitiva, un monte bien cuidado es una “esponja” que nos permite disponer de unas reservas de agua de más calidad y mejor repartidas a lo largo del año. De todo esto quizá el efecto más llamativo en nuestras tierras sea el referente al incremento de la disponibilidad hídrica de los suelos forestales: por término medio, en terreno arbolado se retienen 98 litros por metro cuadrado al año más de agua que en un raso (fuente: “Los incendios forestales en la Comunidad Valenciana”. Consellería de Agricultura y Pesca). Como ya se ha mencionado, estamos hablando de un incremento en cantidad y en “calidad” de los recursos hídricos, al ayudar estas reservas a regularizar los caudales de los cursos de agua.
El otro caso representa la situación contraria, sin bosque (p.e. un incendio). Ya no hay vegetación que frene la velocidad del agua, que impacta sobre el suelo y su salpicadura comienza la erosión, que va “limando” las capas superiores del suelo (las más fértiles). Quedan al descubierto con el tiempo las arcillas que antes estaban en horizontes más profundos. Estas arcillas cuando reciben mucha agua en poco tiempo se vuelven impermeables y el agua resbala ladera abajo, cogiendo velocidad, que le permite arrastrar elementos cada vez más gruesos y erosionar más todavía. En los barranco se acumulan estos lodos y se producen las inundaciones.
CALENDARIO DE BUENAS PRÁCTICAS
MARZO.- Los restos de poda no deben abandonarse en las inmediaciones del monte. Estos residuos una vez secos favorecen el desarrollo de los incendios y son a su vez una amenaza sanitaria para el monte. La alternativa tampoco es quemarlos, sino triturarlos y esparcirlos. Así protegerás el suelo durante largo tiempo, mejorando su estructura y capacidad de retener agua, constituyendo además un aporte de materia orgánica.
ABRIL.- ¿Sabías que existen plantas que ayudan a retrasar el avance de un incendio forestal? Un seto a base de arbustos tan nuestros como los madroños, adelfas o tarays arde más lentamente y sirve de refugio y corredor biológico de numerosas especies tanto animales como vegetales.
MAYO.- Las balsas de riego son un elemento muy importante en la lucha contra los incendios forestales. Son utilizadas todos los años por los helicópteros y las auto bombas de los servicios de extinción de incendios. Mejorando sus accesos y evitando obstáculos a estos medios contribuimos a una lucha más efectiva contra el fuego.
JUNIO.- Los incendios forestales acechan con la llegada del verano. Si vives en el campo puedes proteger tu finca despejando de vegetación las zonas que rodean las líneas eléctricas y procurando mantener limpios de vegetación y basura los márgenes de caminos y los tejados. Ante la presencia de un incendio, antes de llamar al 112, intenta recabar toda la información suficiente para localizar el foco e indica en tu aviso el camino más adecuado para llegar, teniendo en cuenta hacia donde avanza el fuego. Recuerda: !no actúes nunca por libre!, sigue las órdenes de los técnicos y personal que dirige las operaciones.
JULIO.- En terreno forestal o en sus inmediaciones, los motores, equipos eléctricos o de soldadura los grupos electrógenos o cualquier otro que pueda implicar riesgo de generar un incendio deben utilizarse en zonas desprovistas de vegetación con un radio mínimo de 5 metros.
AGOSTO.- Puedes contribuir a que los profesionales de la extinción de incendios desarrollen su trabajo de forma segura. Debemos mantener los caminos, pistas forestales y fajas cortafuegos libres de obstáculos. Los vehículos deben estacionarse fuera del camino vigilando que las superficies calientes del motor no queden en zonas de pasto seco o rastrojo.
SEPTIEMBRE.- El peligro de un incendio forestal no acaba en el mes de agosto. La quema de rastrojeras supone un riesgo muchas veces innecesario existiendo alternativas menos peligrosa. Además, esta práctica tiene frecuentemente más efectos negativos en la estructura del suelo y, por tanto, en los cultivos.
Es un artículo de José Luis Lozano publicado en Agronegocios. www.Igea.es

